Política
Senador Viera dijo que la violencia en el Parlamento tiene que «llamar a la reflexión»y anunció acciones políticas contra Da Silva.
El senador Nicolás Viera, del Movimiento de Participación Popular (MPP), dijo que es necesario “llamar a la reflexión” a los legisladores ante el intercambio de insultos que se dio al final de la interpelación al ministro de Ganadería, Alfredo Fratti, luego de que fuera agraviado por su colega Sebastián Da Silva del Partido Nacional.
Además, indicó que va a evaluar si realiza alguna acción penal contra Da Silva, pero aclaró que seguro habrá “acciones políticas”, que las valorará en las próximas horas con sus compañeros de bancada.
“Uno espera que el Parlamento Nacional tenga una altura considerable para tratar grandes temas del país como, nada más ni nada menos, que el Instituto Nacional de Colonización y que termine en esta debacle ética inconducente, que fue el tono de toda la interpelación porque empezó la interpelación agraviando al expresidente Mujica, agraviando al Frente Amplio, agraviando al Movimiento de Participación Popular y agraviando a mi persona”, afirmó Viera.
Agregó que cree que lo ocurrido tiene que “llamar la reflexión” a los legisladores, “no puede ser que en el Parlamento Nacional por ahí marquemos preocupación por la violencia en la sociedad, por la violencia en el deporte y la violencia la tenemos instalada adentro”.
Da Silva pidió disculpas por lo ocurrido a través de la prensa y de las redes sociales. Sin embargo, Viera dice que no las acepta.
“Yo no acepto ningún pedido de disculpas de Da Silva porque lo que él cometió fue un delito. En este país decirle ‘puto de mierda’ a alguien aludiendo a la sexualidad es un delito de odio homofóbico y está penado, o sea que yo no voy a aceptar ninguna disculpa porque no puedo aceptar la disculpa de un delito”, afirmó el senador del MPP.
Política
El peligro silencioso para la institucionalidad
En toda democracia sana existen diferencias políticas, debates intensos y confrontaciones de ideas. De hecho, el disenso forma parte de la esencia misma del sistema democrático. Sin embargo, cuando la confrontación deja de centrarse en las ideas y comienza a transformarse en una disputa permanente entre personas, partidos e instituciones, surge un riesgo que muchas veces pasa inadvertido: el deterioro gradual de la confianza ciudadana en la institucionalidad.
Quien observe con atención las sesiones del Parlamento podrá advertir una realidad preocupante. Tanto en la Cámara de Senadores como en la de Diputados se han vuelto frecuentes los episodios de burlas, agravios personales, interrupciones y faltas de respeto que poco tienen que ver con el intercambio serio de argumentos que la ciudadanía espera de sus representantes.
No se trata de exigir unanimidad ni de eliminar el debate político. Por el contrario, el debate es indispensable. Lo preocupante es cuando el enfrentamiento se convierte en un espectáculo permanente que desplaza la discusión de los problemas reales que afectan a la población.
A este fenómeno se suma la creciente dinámica de denuncias cruzadas entre los distintos actores políticos. Desde la oposición hacia el gobierno de turno, desde el oficialismo hacia administraciones anteriores y entre distintos sectores partidarios, las acusaciones parecen sucederse sin pausa. Algunas podrán estar debidamente fundamentadas y otras no; corresponde a la Justicia y a los organismos competentes determinarlo. Sin embargo, para el ciudadano común, la acumulación constante de denuncias termina generando una sensación de sospecha generalizada.
El problema se agrava aún más en las redes sociales. Allí, las acusaciones, rumores e interpretaciones circulan a una velocidad imposible de igualar por los mecanismos de verificación. Muchas personas terminan adoptando como verdades absolutas versiones que aún no han sido comprobadas, mientras otras consumen únicamente información que confirma sus propias creencias. La consecuencia es una sociedad cada vez más dividida y menos dispuesta a escuchar al que piensa diferente.
La historia demuestra que las democracias rara vez se debilitan de un día para otro. El desgaste suele ser lento y progresivo. Comienza cuando la ciudadanía pierde confianza en el Parlamento, en la Justicia, en los partidos políticos, en los medios de comunicación o en cualquier institución encargada de garantizar el funcionamiento del sistema republicano.
Por eso, el verdadero peligro no son las diferencias ideológicas. El verdadero peligro es la pérdida del respeto por las reglas del juego democrático y por las instituciones que permiten que esas diferencias se expresen pacíficamente.
Cuando la confrontación permanente sustituye al diálogo, cuando la sospecha reemplaza a la confianza y cuando el adversario político deja de ser visto como un competidor legítimo para convertirse en un enemigo, la democracia comienza a debilitarse.
No suenan tambores de guerra en el sentido literal de la expresión. Pero sí se perciben señales de una creciente polarización que merece atención. La responsabilidad de revertir esa tendencia no recae únicamente en los dirigentes políticos. También corresponde a los ciudadanos exigir un debate más respetuoso, más responsable y más comprometido con el fortalecimiento de las instituciones.
Porque las democracias no se sostienen solamente con elecciones periódicas. Se sostienen, sobre todo, con confianza. Y cuando esa confianza se erosiona, la institucionalidad comienza a resquebrajarse, aun cuando sus estructuras permanezcan aparentemente intactas.
«La fortaleza de una democracia no se mide cuando todos están de acuerdo, sino cuando quienes están en desacuerdo siguen respetando las mismas reglas.»
Oficial
Finalizan asfaltado para futura pista de pruebas de Tránsito en Tarariras
La Dirección de Obras de la Intendencia de Colonia se encuentra finalizando los trabajos de asfaltado en el espacio donde estará ubicada la futura pista de pruebas de Tránsito en Tarariras.
Política
La Junta Departamental de Río Negro aprobó por unanimidad el Presupuesto Departamental
2026–2030 enviado por el Ejecutivo, un hecho que no se registraba desde hace dos décadas.
La votación reflejó un escenario de diálogo y entendimiento entre las distintas bancadas, que permitió avanzar en el análisis del proyecto y alcanzar acuerdos para dotar al departamento de la principal herramienta de gestión para los próximos cinco años.
El intendente Arq. Guillermo Levratto destacó el clima de trabajo político que permitió alcanzar el resultado.
“La política sí es acuerdo. Cuando el diálogo se pone por delante de las diferencias, el departamento avanza”, señaló.
El presupuesto prevé una planificación quinquenal cercana a los 13.000 millones de pesos, con casi la mitad destinada a inversión. Solo el programa de obras representa alrededor de 6.000 millones de pesos, con prioridades en infraestructura vial, caminería rural, alumbrado público, gestión de residuos y proyectos estratégicos vinculados al desarrollo productivo, la logística, el turismo y la generación de empleo.
Durante el proceso de análisis en comisión y en el plenario de la Junta Departamental, las diferentes bancadas realizaron aportes y planteos que permitieron enriquecer el proyecto y generar un ámbito de construcción política que culminó con la aprobación del articulado.
En ese sentido, Levratto subrayó el valor institucional del acuerdo alcanzado.
“Río Negro hoy tiene su principal ley aprobada, gracias a un trabajo serio, planificado y de construcción colectiva”, afirmó.
Con esta resolución, el departamento cuenta ahora con el marco presupuestal que orientará la gestión de la Intendencia de Río Negro en el período 2026–2030, definiendo prioridades de inversión, desarrollo y funcionamiento institucional para los próximos años.
